Terapia Para Niños Agresivos

Written by Ruben Espinoza

agosto 23, 2019

El control de impulsos en los niños es un tema al que los padres y tutores deben prestar especial atención. Es importante que el infante alcance progresivamente un estado adecuado de madurez emocional. Esta responsabilidad les compete a los protagonistas de su entorno inmediato, quienes a través de la educación y la estimulación cooperarán a favor de su formación y desarrollo. Se conoce que hasta los cinco años el cerebro del niño, especialmente la corteza frontal (lóbulo frontal), no ha madurado por completo. Esta área del cerebro se encarga del control de los impulsos comportamentales del ser humano, de la regulación de los actos y la organización del comportamiento en general. Por lo tanto, al ser el infante alguien que aún no ha terminado de madurar esa área del cerebro, es de esperar que aún no sepa controlar y regular sus impulsos de la manera que un adulto quisiera. Esto nos lleva a concluir que el niño necesita de una constante educación y estimulación para que su cerebro madure adecuadamente. Hay casos de niños que no han sido educados correctamente, educación que consiste en enseñarles a organizar, planificar y monitorear sus propias conductas, a actuar de manera coordinada y atenta. En estos casos de déficit en la educación y la estimulación tendremos como resultado a niños impulsivos, desorganizados, rabiosos, desorientados y distraídos. Por ende, desde el nacimiento del niño es muy importante que exista una actitud educativa y pedagógica hacia él, lo cual le permitirá tener un adecuado desarrollo cerebral que se haga manifiesto en los comportamientos apropiado a su edad (en términos generales). Así, apreciaremos un niño capaz de controlar sus impulsos y regular su conducta. Esto no quiere decir que tendremos niños maniquíes, es decir, niños quietos y completamente estáticos, al contrario, esto denotaría un signo de anormalidad. Más bien, tendremos niños que orienten su comportamiento a una respuesta acertada para el contexto, que sepan obedecer en el marco de los límites de su libertad, respeto y dignidad.

La ciencia especializada en la maduración y desarrollo del sistema nervioso en el niño es la neuropsicología infantil, disciplina científica que describe, evalúa, diagnostica y trata todo lo relacionado al comportamiento en función del sistema nervioso en el infante. No obstante, es necesario que el enfoque biológico de la neuropsicología se complemente con la terapia infantil o terapia para niños, puesto que, es necesario tratar las emociones y sentimientos del menor, porque el origen de la agresividad puede partir de causas no-biológicas, como por ejemplo los conflictos familiares, especialmente por parte de los padres, causa bastante común en la agresividad en los niños. La experiencia clínica ha registrado que niños con padres cuya vinculación está basada en la violencia y la agresividad desata en ellos patrones de comportamientos hostiles y agresivos que afectarán significativamente su desarrollo y crecimiento. Asimismo, el ejemplo del entorno, la dinámica escolar (casos de bullying), los problemas de aprendizaje, el bajo rendimiento, la exposición a juegos de videos y películas con contenido violento, la imitación de niños mayores o de la misma edad con comportamientos disfuncionales, entre otras posibles causas, podrían ser el caldo de cultivo para un comportamiento agresivo e impulsivo en nuestros pequeños.

¿Cómo controlar a un niño agresivo?

Controlar la agresividad en un infante va a depender de la creatividad del adulto. En la terapia para niños agresivos se puede utilizar como métodos las canciones con sus mensajes pedagógicos y formativos, los cuentos con sus moralejas, las historias con anécdotas que narren las consecuencias de los malos y buenos comportamientos en otros niños en contextos similares, como forma de identificación o imitación y el arte, como canalizador de emociones y sentimientos hostiles, agresivos y violentos o como forma de expresión de emociones y sentimientos incapaces de ser transmitidos de otros modos. Así estos estilos y métodos de comunicar mensajes y enseñanzas que contribuyan a generar aprendizajes significativos tienen como propósito que el niño reconozca las normas, los límites y las reglas de convivencia del lugar en el que se encuentran con otros niños y con los adultos. Este es un enfoque clásico y ventajoso para introducir a los niños en un comportamiento que le permita en un futuro vivir armoniosamente en sociedad. Lo perfila para ser un adulto maduro y estable. Dada la versatilidad del arte y la música, los adultos, padres o pedagogos podrán adaptar estos métodos, técnicas y procedimientos a las circunstancias de cada niño o grupo de niños. En la terapia para niños es bastante favorable el uso inteligente de estos recursos.

Sin embargo, esta no es la única forma de controlar la agresividad en niños, existen maneras más sistematizadas o con diferente perspectiva. Tenemos por ejemplo la técnica del semáforo que consiste en hacer tangible y manifiesto los sentimientos del infante para que él mismo tome consciencia de cómo la conducta agresiva está subiendo de nivel. Una vez identificado esto, podremos enseñarle qué hacer en cada situación para que pueda lograr calmarse y así prevenir que no llegue a tener conductas impulsivas que lo perjudiquen y lo pongan en aprietos. Así, los colores del semáforo serán una analogía de sus emociones: el rojo será para que se detenga y respire o para que se aleja de la situación aversiva, el amarillo es para pensar en soluciones adecuadas y el verde para dialogar o expresar sentimientos y pensamientos. De esta manera el niño tendrá en sus manos una herramienta que le permita tener un adecuado control de impulsos. La terapia infantil en casos de agresividad, tendrá a su disposición un bagaje amplio de técnicas para abordar creativa y estratégicamente la demanda de cada caso. Es pertinente saber que no solamente los padres y el especialista cumplen un rol esencial en esta tarea de educación y tratamiento, sino también los adultos que cotidianamente están presentes en la vida del niño: profesores, tíos, primos o hermanos mayores, tutores, entre otras personas que interactúan con ellos en el día a día.

¿Cómo funciona la terapia para niños agresivos?

La terapia para niños agresivos va a proceder según el caso particular. Siempre será tarea del especialista averiguar cuáles son los factores desencadenantes y causales de la conducta agresiva. Así como también identificar que respuestas del entorno se encargan de propiciar el mantenimiento de la conducta impulsiva en los niños. Para ello es importante la entrevista con los padres, para discriminar si el problema de agresividad en el infante se deba a factores del desarrollo (como bien se ha explicado al principio) o a problemas del vínculo conyugal, de la dinámica familiar en general, o del entorno social del niño (colegio, barrio, círculo social).

De esta manera, habiendo tenido en claro lo mencionado, se procederá a identificar qué conducta impulsiva presenta el niño, es decir, se pasará a describir y registrar cuál es el comportamiento agresivo, por ejemplo, si son pataletas como romper cosas, adornos, juguetes, si se trata de agresividad con otros niños o con familiares, o si la impulsividad es voluntaria o involuntaria, si es exclusivamente en el colegio o con los hermanos y amigos del barrio, si el caso se manifiesta en frente de adultos o cuando estos no están, etc. Este punto es importante para que la terapia infantil tenga una base sobre la cual trabajar el control de impulsos. Psicólogo Monterrico tiene la experiencia clínica idónea para intervenir en casos de agresividad infantil, partiendo de un enfoque integrador que reúne un amplio bagaje de técnicas y procedimientos de ajuste conductual, de la mano con estrategias didácticas, psicopedagógicas y educativas a través del arte y la creatividad que buscan lograr el propósito central de la terapia: responder a las demandas de desarrollo y educación del infante.

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